Una adaptación de Federico García Lorca con una escenografía simbólica centrada en la represión femenina. El espacio evoluciona como metáfora de encierro: la casa “se hunde” acto tras acto. En el primero, el techo baja; en el segundo, las telas invaden la escena; y en el tercero, el patio se transforma en una prisión con columnas que se aproximan como barrotes. Un sistema rotatorio permite cambiar los muros sin romper la continuidad, manteniendo el suelo fijo.